
La vicuña de ocho patas

| Cusi Yupanqui aprovechó la tregua para
meditar y orar. Una tarde se quedó dormido, cerca de la
fuente de Susurpuquio, con la tela blanca con el dibujo
del sol radiante que Yana Ñawi le había hecho, entre
las manos. Mientras dormía, Cusi Yupanqui tuvo una
visión: un ser radiante como el sol de Yana Ñawi le
decía que vencería a los chancas, pues la fuerza para
ello vivía en su interior. Al
despertar, Cusi Yupanqui ordenó Cuando los chancas llegaron a las afueras del Qosqo, se encontraron frente a frente con el ejército de Cusi Yupanqui. Allí estaban, al lado del príncipe, Vicaquirao, Apu Mayta y su hermano Roca, los compañeros de aquella mágica tarde con Yana Ñawi. Cada uno, al frente de una legión de enardecidos soldados. Al caer la tarde, se enfrascaron en una feroz batalla. Cusi Yupanqui vio que los chancas llevaban, cual estandarte, un ídolo que llamaban Uscovilca. El comprendió que ese ídolo era su dios y su símbolo, y que sin él, los chancas se sentirían desamparados. Metió la mano en su morral para asegurarse que tenía suficientes piedras para su honda y se encontró con la fina tela blanca y el dibujo que le había regalado Yana Ñawi. Se amarró la tela a la muñeca de la mano derecha y tomó entonces su mazo y su escudo y, enfrentando metro a metro a un soldado enemigo distinto, logró llegar hasta donde estaba el ídolo y se apoderó de él. Al ver u oír esto sus hombres, y algunos soldados de los pueblos vecinos que no se animaban a entrar en la batalla, lo entendieron como un signo inequívoco de victoria y pelearon con más fuerza aún, hasta que -poco después- los chancas, desconcertados como Cusi Yupanqui había previsto, se batieron en retirada, asustados como nunca antes.
Cusi Yupanqui sabía perfectamente que los chancas no se darían por vencidos luego de una sola batalla. El estaba seguro que intentarían un nuevo ataque y, en contra de la opinión de algunos consejeros que le sugerían iniciar el retorno triunfal al Qosqo, llamó a Vicaquirao, Apu Mayta y Roca y les informó de su decisión de quedarse acantonados cerca del lugar de la batalla, en las afueras del Qosqo. Esa noche, la luna llena iluminaba el cielo con rayos color púrpura y las estrellas miraban todas hacia el Qosqo. Yana Ñawi sintió la necesidad de ver el firmamento. Miró por la ventana y supo que había llegado el momento de hacer el dibujo para el príncipe Cusi Yupanqui y, mientras sus padres dormían, salió a dibujar. |
- Vivir en el Qosqo
- Un
encuentro importante
- Y Yana
Ñawi paró de dibujar
- Días
de preocupación
- Una
visión y una victoria
- La
vicuña de ocho patas
-
Yahuarpampa
-
Pachacútec: el que cambia el mundo
- HERNAN GARRIDO LECCA