
La vicuña de ocho patas

Los feroces chancas estaban listos para atacar el Qosqo; pero estaban algo confundidos por la actitud del Inca Viracocha y de su sucesor guerreros; pero los incas también, y les parecía raro que nadie les fuese a ofrecer batalla en el Qosqo. Días después, cuando los jefes chancas Astoyguaraca y Tomayguaraca se enteraron que quien lideraba la resistencia era el joven príncipe Cusi Yupanqui, le dieron una tregua para que se preparase y así poder tener mayor placer al vencerlo. Les parecía increíble que los incas confiaran a un adolescente la defensa de la capital imperial; sin embargo, como buenos soldados, apreciaron el valor de Cusi Yupanqui. Mientras tanto, en el Qosqo, Yana Ñawi, ignorando lo que ocurría más allá de los linderos de la ciudad y, sobre todo, la preocupación de sus padres que temían desairar al príncipe, no hacía sino mirar el gran bloque de piedra blanca y porosa. Sus padres no le decían nada, pero los pétalos se secarían si Yana Ñawi dejaba pasar muchos días, y no servirían luego para dibujar. Sin embargo, Yana Ñawi no parecía preocupada, hasta sonreía y hacía bromas. Cuando sus padres le preguntaban qué dibujaría y cuándo lo haría, ella contestaba: -Aún no sé, y será cualquiera de estas noches. |
- Vivir en el Qosqo
- Un
encuentro importante
- Y Yana
Ñawi paró de dibujar
- Días
de preocupación
- Una
visión y una victoria
- La
vicuña de ocho patas
-
Yahuarpampa
-
Pachacútec: el que cambia el mundo
- HERNAN GARRIDO LECCA