La vicuña de ocho patas

Desde esa noche, la noche de las estrellas fugaces, Yana Ñawi no pudo dejar de pensar en cómo hacer para que sus dibujos cobrasen vida y se moviesen. Siguió dibujando y yendo por la tarde a las fortalezas; pero cada vez menos. Hasta que un día... ¡Zas! ¡Paró de dibujar!

No se le ocurría cómo hacer para que sus dibujos se moviesen. A ti también te debe haber pasado: tienes un problemón, y te rompes la cabeza pensando en cómo hacer, y no se te ocurre nada.

Bueno, Yana Ñawi estaba exactamente en esa situación.

Sus padres - como siempre pasa - lo notaroninmediatamente pues, además, poco después perdió el apetito. Finalmente, al cabo de unos días, dejó de hablar. Simplemente miraba a quien le hablaba y no le contestaba.

Como el Qosqo era entonces una ciudad pequeña y Yana Ñawi era conocida y querida por mucha gente, pronto todos hablaban de la pobre niña dibujante que ya no dibujaba y ya no hablaba. Sus amigos, los guardias de las fortalezas, le llevaron pétalos de muchos colores que, decían, venían de la tierra de los chinchas; pero nada.

A los pocos días, lo sucedido llegó a oídos del príncipe Cusi Yupanqui, quien a pesar de sus preocupaciones por el asedio de los chancas, decidió acudir en ayuda de su pequeña amiga de la fortaleza, con quien había pasado una de las más mágicas y maravillosas tardes de su vida.

-Dibujar -pensó- es un forma de magia, pues quien dibuja crea algo que no existe.
Así, el príncipe mandó a traer un gran bloque de una piedra blanca y porosa. Era una piedra que, decían, provenía de la boca mima de un bello volcán (yo he querido averiguar de qué volcán se trata y hasta donde van mis investigaciones, creo que se trata del Misti, en Arequipa, al sur del Perú, pues por allí se encuentran muchas canteras de una hermosa piedra blanca y porosa que llaman sillar).

Luego, el príncipe mandó a traer, desde muy lejos, pétalos de dos clases de orquídeas: una, color púrpura oscuro, y la otra, de un púrpura más claro. Es que el púrpura tambiéen era el color favorito de Cusi Yupanqui, y se decía que él sabía hacer el púrpura de muchas formas, porque había tenido un encuentro con el color mismo en uno de sus viajes por la tierra de los señores Chimú.
Dicen que por esas tierras la luz es de color púrpura y, por esto, todos los otros colores se ven como realmente son.
En la corte decían que aquellas flores habían sido recogidas allí donde los ríos parecen mares y la selva es tan espesa que hasta las propias gentes del lugar sepierden en ella.

Y con piedra y pétalos en su poder, el príncipe fue a visitar a Yana Ñawi, y ofrecerle ambas cosas como regalo. Al ver a Cusi Yupanqui en persona, en el umbral de su casa, los padres de Yana Ñawi se pusieron muy nerviosos. Tú sabes: los grandes siempre se ponen nerviosos ante reyes, príncipes, presidentes y primeros ministros, a menos que sean reyes, en cambio, sonrió como tú o yo lo haríamos si un rey o una reina nos trajese un regalo. Cusi Yupanqui también sonrió y le dijo:
-Yana Ñawi, te he traído una gran piedra blanca y pétalos de los más bellos colores que existen en el imperio, pues quiero que hagas otro dibujo para mí...
Y, repentinamente, Yana Ñawi volvió a hablar:
-¿Qué es lo que desea el valeroso príncipe Cusi Yupanqui que Yana Ñawi dibuje para él?
-Lo que tú quieras, Yana Ñawi... Lo que tú más quieras...

El padre de Yana Ñawi ofreció entonces una vasija con chicha al príncipe y a sus acompañantes. El príncipe charló animadamente con los padres de Yana Ñawi y con algunos vecinos curiosos que se acercaron a la casa al saber de la visita. Luego, casi tan inesperadamente como llegó, el príncipe partió hacia los linderos de la ciudad, donde, junto con Roca, Apu Mayta y Vicaquirao, continuaba organizando su ejército para la defensa, ante la invasión chanca.


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