La vicuña de ocho patas

Una tarde, mientras Yana Ñawi dibujaba vizcachas y paisajes para los soldados de una de las fortalezas,aparecieron cuatro hombres que, a decir de su forma de vestir y de cómo se asustaron los soldados al verlos, eran gente muy importante.

Uno de ellos, el mayor,evidentemente molesto, gritó a los soldados:
-¿Esa es la forma en que ustedes protegen al Qosqo, nuestra ciudad, del acecho de los chancas?
Sucede que por aquel entonces la mayor amenaza para los incas eran los chancas, un pueblo que habitaba en los alrededores del río Apurímac, no muy lejos del Qosqo. Los chancas eran tan buenos guerreros que no sólo no habían sido conquistados por los incas, sino que cada cierto tiempo lanzaban ataques sobre el Qosqo. En esos días se hablaba de un inminente ataque chanca. Todos hablaban de ello.

Uno de los soldados, reconociendo a Vicaquirao, uno de los generales del ejército del Inca Viracocha, contestó:
-Mientras la paz dure, gran general Vicaquirao, jugaremos con los niños; cuando llegue la guerra
ofreceremos nuestras vidas por las de ellos...

Uno de los acompañantes de Vicaquirao dio un paso al frente, y el genera retrocedió:
-Soy Cusi Yupanqui, hijo del gran Inca Viracocha, y eso que has dicho es exactamente lo que esperamos de nuestros soldados.

El príncipe Cusi Yupanqui era el hijo menor del Inca Viracocha y, aunque no llegaba a los 18 años, mucho se hablaba de su valor y su inteligencia.
-Este es mi hermano Roca -prosiguió Cusi Yupanqui- y este, el general Apu Mayta. Y tú, pequeña, ¿cómo te llamas?
-Yana Ñawi y soy amiga de estos buenos soldados: ellos me consiguen pétalos de flores, y yo dibujo para ellos.

Y señalando una antara que Roca llevaba atada a la cintura, Yana Ñawi preguntó:
-¿Sabes tocar?
-Sí -contestó Roca- ¿quieres que toque algo para tí?
-Me encantaría... ¡Ya sé! Usted toca, ellos cantan y yo dibujo para ustedes.
-¡Trato hecho! -Contestó el príncipe Cusi Yupanqui.

Los soldados volvieron a sus puestos y los cuatro hombres y Yana Ñawi formaron un círculo y se sentaron sobre el pasto, al lado de uno de los grandes muros de la fortaleza. Roca tomó su quena y tocó las más dulces melodías. Cusi Yupanqui, Vicaquirao y Apu Mayta acompañaron a Roca con sus voces. Pasaron así varias horas. De rato en rato paraban de tocar y cantar, comían un poco de cancha que Apu Mayta sacaba de su morral y pedían a Yana Ñawi que dibujase sobre las piedras de las fortalezas. Yana Ñawi hizo, primero, un dibujo para Roca. Luego hizo uno para Vicaquirao y después, uno para Apu Mayta. Finalmente, cuando tocó el turno al príncipe Cusi Yupanqui, éste sacó de su alforja un pedazo de tela blanca, muy blanca y muy fina, tan fina que Yana Ñawi pensó que seguramente había sido tejida en el Acllawasi. El príncipe extendió el pedazo de tela sobre una piedra plana y dirigiéndose a Yana Ñawi dijo:
-Quiero llevarme tu dibujo a donde vaya, por eso te pido que lo hagas sobre esta tela que me regaló mi madre cuando ingresé al ejército: quiero que dibujes al sol radiante que hoy nos ilumina...

Yana Ñawi tomó algunos pétalos amarillos, rojos y anaranjados, se apartó por un momento del grupo y, arrodillada, sonriente de principio a fin, dibujo un maravilloso sol para el príncipe. Al volver al grupo, estirando ambos brazos y con el dibujo sobre las palmas de sus manos, dijo a Cusi Yupanqui:
-Este es tu dibujo. Espero que este sol te proteja en todas tus batallas.

Los cuatro hombres se miraron entre sí. Cusi Yupanqui sonrió y volviendo la mirada hacia Yana Ñawi contestó:
-Este dibujo siempre estará conmigo, Yana Ñawi. Te lo prometo.

Cusi Yupanqui tomó la tela blanca que tenía el hermoso dibujo y, doblándola con delicadeza, la volvió a meter en su alforja.

Lo que Yana Ñawi no sabía es que aquellos cuatro hombres se habían reunido para tomar una decisión muy importante: defender al Qosqo de la inminente invasión de los chancas. Resulta que el anciano Inca Viracocha, al enterarse de los preparativos de los

chancas, se había refugiado fuera del Qosqo y había delegado en su hijo Urco, a quien había elegido como su sucesor, el decidir qué hacer ante la invasión chanca. El príncipe Urco habíadecidido no enfrentar a los aguerridos chancas. Urco pensaba, simplemente, rehuir la batalla y esperar que los chancas cambiaran de opinión. Pero el príncipe Cusichancas atacarían de Yupanqui sabía que los todas maneras y había decidido tomar el liderazgo de la defensa de la ciudad. Cusi Yupanqui había pedido a su hermano Roca y a los generales Apu Mayta y Vicaquirao que lo apoyasen.

Esa tarde, antes de encontrarse con Yana Ñawi, los cuatro hombres habían acordado ofrecer resistencia a los invasores a cualquier costo.

Al caer la noche, Yana Ñawi se despidió de sus amigos, los dejó hablando de fortalezas y batallas y partió de regreso a casa.

Mientras caminaba empezó, como siempre, a dibujar uniendo estrellas en el cielo. Cuando dibujaba una vicuña, presenció un desfile de estrellas fugaces que hicieron parecer como si su vicuña galopara a través del cielo iluminado, rumbo a la Luna: fue entonces cuando Yana Ñawi comprendió que los dibujos podían moverse.


- Vivir en el Qosqo
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La vicuña de ocho patas
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