
La vicuña de ocho patas

Uno de ellos, el
mayor,evidentemente molesto, gritó a los soldados: Uno de los soldados,
reconociendo a Vicaquirao, uno de los generales del
ejército del Inca Viracocha, contestó: Uno de los
acompañantes de Vicaquirao dio un paso al frente, y el
genera retrocedió: El príncipe Cusi
Yupanqui era el hijo menor del Inca Viracocha y, aunque
no llegaba a los 18 años, mucho se hablaba de su valor y
su inteligencia. Y señalando una antara
que Roca llevaba atada a la cintura, Yana Ñawi
preguntó: Los soldados
volvieron a sus puestos y los cuatro hombres y Yana Ñawi
formaron un círculo y se sentaron sobre el pasto, al
lado de uno de los grandes muros de la fortaleza. Roca
tomó su quena y tocó las más dulces melodías. Cusi
Yupanqui, Vicaquirao y Apu Mayta acompañaron a Roca con
sus voces. Pasaron así varias horas. De rato en rato
paraban de tocar y cantar, comían un poco de cancha que
Apu Mayta sacaba de su morral y pedían a Yana Ñawi que
dibujase sobre las piedras de las fortalezas. Yana Ñawi
hizo, primero, un dibujo para Roca. Luego hizo uno para
Vicaquirao y después, uno para Apu Mayta. Finalmente,
cuando tocó el turno al príncipe Cusi Yupanqui, éste
sacó de su alforja un pedazo de tela blanca, muy blanca
y muy fina, tan fina que Yana Ñawi pensó que
seguramente había sido tejida en el Acllawasi. El
príncipe extendió el pedazo de tela sobre una piedra
plana y dirigiéndose a Yana Ñawi dijo: Yana Ñawi tomó
algunos pétalos amarillos, rojos y anaranjados, se
apartó por un momento del grupo y, arrodillada,
sonriente de principio a fin, dibujo un maravilloso sol
para el príncipe. Al volver al grupo, estirando ambos
brazos y con el dibujo sobre las palmas de sus manos,
dijo a Cusi Yupanqui: Los cuatro hombres se
miraron entre sí. Cusi Yupanqui sonrió y volviendo la
mirada hacia Yana Ñawi contestó: Cusi Yupanqui tomó la tela blanca que tenía el hermoso dibujo y, doblándola con delicadeza, la volvió a meter en su alforja. Lo que Yana Ñawi no sabía es que aquellos cuatro hombres se habían reunido para tomar una decisión muy importante: defender al Qosqo de la inminente invasión de los chancas. Resulta que el anciano Inca Viracocha, al enterarse de los preparativos de los
Esa tarde, antes de encontrarse con Yana Ñawi, los cuatro hombres habían acordado ofrecer resistencia a los invasores a cualquier costo. Al caer la noche, Yana Ñawi se despidió de sus amigos, los dejó hablando de fortalezas y batallas y partió de regreso a casa. Mientras caminaba empezó, como siempre, a dibujar uniendo estrellas en el cielo. Cuando dibujaba una vicuña, presenció un desfile de estrellas fugaces que hicieron parecer como si su vicuña galopara a través del cielo iluminado, rumbo a la Luna: fue entonces cuando Yana Ñawi comprendió que los dibujos podían moverse. |
- Vivir en el Qosqo
- Un
encuentro importante
- Y Yana
Ñawi paró de dibujar
- Días
de preocupación
- Una
visión y una victoria
- La
vicuña de ocho patas
-
Yahuarpampa
-
Pachacútec: el que cambia el mundo
- HERNAN GARRIDO LECCA