
Piratas en el Callao


El 10 de junio
L'Hermite ordenó que uno de sus navíos se acercase a tierra
para probar la artillería del Callao. Al día siguiente,
las escaramuzas continuaron, pero tan mala era la
puntería de los que estaban en el fuerte que alguien dijo
por allí que había espías en el Callao al servicio de los
holandeses.
En los días que siguieron, Ignacio y yo nos
dedicamos a vivir como piratas, aunque con algunas diferencias.
¿Por qué? Porque no sabíamos bien qué podíamos hacer sin que
nos vieran y qué no. Lo primero que nos dimos cuenta es que no
teníamos ni hambre ni sed y
que, cualquiera fuese el alimento que nos lleváramos a
la boca, al tocar nuestra saliva, desaparecía.
Así que luego de ver huir despavoridos a un
par de piratas, decidimos dormir de día y vivir nuestra aventura
de noche: de esta forma, cuando las pasas y los higos se elevaran
y desaparecieran, ningún pobre pirata saldría corriendo del
susto.
Y pasaron más o menos 20 días. Cantamos, bebimos, bailamos y escuchamos todo tipo de historias de asaltos, saqueos, duelos y tesoros. Supimos de un pirata que murió por decir, en medio de su borrachera, que guardaba el mapa de un tesoro en su morral. Amaneció muerto, desapareció el morral y no se supo quién lo hizo.
- Una
visita a la fortaleza del Real Felipe cuando había un halo sobre
la isla San Lorenzo
- De cómo me enteré
de que andaba perdido en el tiempo de los piratas
- Un extraño
encuentro o de cómo conocí y me hice amigo de Ignacio Pérez de
Tudela
- ¡Al abordaje! o de
cómo me hice un pirata más
- Los días pasan y el
bloqueo continua
- ¡Viva el
Callao!¡Viva el Perú!
- Sobre la retirada de
los piratas y de mi vida en San Lorenzo
- HERNAN GARRIDO LECCA