| El sombrero aterrizó en alguna parte de algún jardín
lleno de flores. Cuando Anisilla se asomó por una de las ventanas,
se encontró con el loro verde de alas rojas. El loro le sonrió y le
preguntó : - ¿Cómo te llamas ? - ¡No te acerques ! Soy una tortuga
muy feroz y tengo el caparazón duro, duro como una piedra. |

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- No te haré daño, descuida. Yo me llamo Malulo ¿y tú ? - Yo me
llamo Anisilla y la verdad, la verdad, es que no soy tan feroz...
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| Y así Anisilla y Malulo se hicieron amigos. Anisilla
le contó a Malulo todo lo que le había sucedido y cómo era que La
Mena y ella andaban juntas y, de esa forma, habían resuelto ambas
sus problemas. - Pero ¿porqué tienes miedo de andar sola por las calles
? Yo tengo muchísimos amigos insectos mucho más pequeños que tú y
que andan felices por las calles de la ciudad -dijo Malulo. - Tienes
razón pero igual yo tengo miedo a que me pisen y me aplasten contra
el suelo. |
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- ¡Ya sé ! Vamos donde Cirila, la hormiguita. Ella te enseñará cómo
caminar por allí sin que te pisen. |
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Y así fue. Las hormigas son muy escurridizas. Son educadas para
ayudarse las unas a las otras desde que nacen y siempre trabajan
en conjunto para su comunidad. Saben estar siempre alertas a presencias
extrañas, reaccionan rápido ante el peligro y, por eso, son difíciles
de atrapar o aplastar.
La buena Cirila empezó a enseñarle a Anisilla todo lo que debía
saber para andar por las calles de la ciudad sin que la pisen :
desde cómo escoger la mejor ruta hasta cómo escabullirse de un zapatazo
en camino.
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Mientras tanto, cada vez que tenía un tiempo, Malulo salía en busca
de La Mana. Aunque nunca la había visto, era casi como si la conociese
pues Anisilla le había contado tantas historias que Malulo ya podía
imaginar hasta el color de su perfume de lavanda. |