1 2 3 4

 

El sombrero aterrizó en alguna parte de algún jardín lleno de flores. Cuando Anisilla se asomó por una de las ventanas, se encontró con el loro verde de alas rojas. El loro le sonrió y le preguntó : - ¿Cómo te llamas ? - ¡No te acerques ! Soy una tortuga muy feroz y tengo el caparazón duro, duro como una piedra.

 

- No te haré daño, descuida. Yo me llamo Malulo ¿y tú ? - Yo me llamo Anisilla y la verdad, la verdad, es que no soy tan feroz...
Y así Anisilla y Malulo se hicieron amigos. Anisilla le contó a Malulo todo lo que le había sucedido y cómo era que La Mena y ella andaban juntas y, de esa forma, habían resuelto ambas sus problemas. - Pero ¿porqué tienes miedo de andar sola por las calles ? Yo tengo muchísimos amigos insectos mucho más pequeños que tú y que andan felices por las calles de la ciudad -dijo Malulo. - Tienes razón pero igual yo tengo miedo a que me pisen y me aplasten contra el suelo.
- ¡Ya sé ! Vamos donde Cirila, la hormiguita. Ella te enseñará cómo caminar por allí sin que te pisen.

Y así fue. Las hormigas son muy escurridizas. Son educadas para ayudarse las unas a las otras desde que nacen y siempre trabajan en conjunto para su comunidad. Saben estar siempre alertas a presencias extrañas, reaccionan rápido ante el peligro y, por eso, son difíciles de atrapar o aplastar.

La buena Cirila empezó a enseñarle a Anisilla todo lo que debía saber para andar por las calles de la ciudad sin que la pisen : desde cómo escoger la mejor ruta hasta cómo escabullirse de un zapatazo en camino.

Mientras tanto, cada vez que tenía un tiempo, Malulo salía en busca de La Mana. Aunque nunca la había visto, era casi como si la conociese pues Anisilla le había contado tantas historias que Malulo ya podía imaginar hasta el color de su perfume de lavanda.

 

1 2 3 4

[página principal][biografía]
[
crítica y comentarios periodísticos][cuentos]